LA MODERNIZACION IMPULSADA POR SULTANES OTOMANOS REFORMADORES EN EL S. XIX

Por Ricardo Georges Ibrahim

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Introducción:

Las retóricas nacionalistas instaladas en  Egipto, Levante, Mesopotamia y Anatolia, hegemónicas en la región desde el fin de la 1º Guerra Mundial, pasando por la creación de Estados Nación desde 1924 hasta los años 50, y vigente hasta fines de los 80, (donde en franca decadencia da lugar a la hegemonía social del pensamientos islamistas, aunque se mantengan ya sea bajo dictaduras militares o en el surgimiento de nacionalismos étnicos), ha puesto una cortina de hierro a las épocas de historia compartida, salvo quizá para demonizar determinados periodos y victimizarse, narrando la historia desde nuevos relatos donde el sujeto principal ha sido la “nación oprimida y liberada luego con la construcción del Estado Nación”.

Un relato mitificado de la propia historia donde los pueblos son el sujeto principal (no las clases sociales, ni bloques de conjuntos de pueblos), de buenos y malos, de blancos y negros, de puros e impuros.

En concreto el periodo del Imperio Otomano, que dió gran estabilidad a la región y donde en los primeros tiempos los niveles de desarrollo y de vida eran superiores a las de otras partes del mundo, incluida Europa, incluso en cuanto a respeto a la diversidad étnica y religiosa, aunque jerarquizada y basada en la desigualdad de derechos, fue denostado tanto por el emergente nacionalismo turco, que no lo consideraba “autenticamente turco, sino un Estado mestizo”, como por armenios, que lo juzgaron por el último período regido en realidad por los nacionalistas turcos, el régimen de los Jovenes Turcos, causantes del genocidio armenio, asirio y griego póntico,  como por los levantinos (sirios, libaneses, palestinos, jordanos actuales), mesopotámicos y luego egipcios, que, sin serlo y por una cuestión lingüística y religiosa, adhirieron a la doctrina  del nacionalismo árabe, (idealizando la época del Imperio árabe, y con una alta dosis de orientalismo y apoyo británico), construido en oposición a “los malos de la película”, que entonces  fueron “los turcos”.

En la Peninsula arábiga, hogar de los autenticos árabes, en cambio siguieron prevaleciendo las identidades religiosas premodernas en torno a “lo islamico”, que se cobraria su revancha en decadas siguientes hasta hoy.

Sin embargo la realidad es que si bien no todo fueron rosas, y en la memoria colectiva recordamos los últimos episodios, especialmente alrededor de la primera guerra mundial, de hambre, matanzas y genocidios, no se conoce mucho acerca de las reformas de algunos sultanes, anteriores a la primera guera mundial que hoy mismo en el contexto de la nueva hegemonía islamista, serían consideradas modernas.

Y se olvida muy fácil o no se toma conciencia que, los idearios nacionalistas tomados prestados de Europa central, fueron también causa de matanzas, genocidios y lo que eufemisticamente se dió en llamar “Politicas de intercambio de población”, en su afan etnicida de crear Estados Nacionales regidos por una etnia dirigente y con una única lengua. Muy grave, en un contexto de miles de años de vida, sociedad y geografía compartida entre múltiples pueblos. Es decir, el nacionalismo tambien mata y oprime. Al menos los nacionalismos puramente étnicos y no civico-democraticos  que pudieran haber intentado mantener o construir,   bajo premisas modernas, Estados pluriétnicos/ plurinacionales.

otra cuestión que hace a la modernidad: ¿La separación entre religión y Estado es algo que recien se discute ahora en el mundo musulman? Como veremos, no sólo se la discutió, sino que se la aplicó en un periodo concreto de tiempo y no tan lejano.

La necesidad de modernizar el Estado y la sociedad

¿Qué cambios comienzan a generarse entre las elites otomanas en relación al estanca-miento institucional, social, educativo, militar y tecnológico del Imperio, en relación a una Europa cada vez más fuerte,  y cuáles las respuestas políticas y el debate de la época para  introducir cambios?

Tras haber cultivado durante varios siglos el desprecio y la indiferencia hacia Europa, a la que consideraba atrasada e inferior, el Imperio Otomano descubrió a partir de sucesivas derrotas que algo había cambiado, que de pronto se hacía patente una avasalladora poten-cia militar y tecnológica en el campo europeo, y se ponen en marcha las primeras medidas para modernizar “desde arriba” al Imperio. Las aristocracias y elites comienzan a impor-tar primero la estética europea en sus nuevas mansiones, mobiliario y vestimenta, y se adopta el idioma francés como lengua diplomática y de cultura, sustituyendo al árabe y al persa. Y como el ámbito militar era el que más preocupaba, las primeras   medidas emprendidas por el Estado consisten en traer consejeros militares europeos como asesores entre los años 1770 a 1774.

Posteriormente, con la difusión no solo de las tecnologías europeas, sino de las ideas que trajeron las elites que pudieron tener acceso a educación extranjera y frente a demandas sociales crecientes por parte de sectores nacionales de los distintos pueblos que comienzana hacer propias las ideas de igualdad, fraternidad y libertad e incluso posteriormente comenzarían a utilizar la imprenta para publicaciones en sus propias lenguas (esto algo más tardíamente, hacia 1880), comienza un verdadero período de reformas estructurales  en tres fases, a las que se les da el nombre de Las Reformas del Nuevo Orden (Tanzimat).

El tiempo en el reinado del Sultan Califa Mahmoud II:

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Quizá el antecedente previo de que los tiempos habían cambiado y que un nuevo tipo de intelectuales y funcionarios del estado más profesionales y tecnócratas desplazarían a las instituciones y sectores tradicionalistas fue la eliminación del cuerpo de jenízaros por parte del Sultán Mahmud II en 1826. Este sultán también crea las primeras escuelas se-cundarias bajo control del Estado (laicas) y no religiosas.

Contratando especialistas europeos, inaugura las primeras escuelas de ingenieros, de medicina, cirugía, academia naval y academia militar. Y una innovación importante fueque por primera vez escuelas superiores estaban abiertas para cualquier súbdito otomano, sin distinción de raza o religión.  También creó una Oficina de Traducción, cuya función principal era formar a los futuros intérpretes llamados a transferir la sabiduría de Europa al imperio.  También se le debe a Mahmud II el cambio de indumentaria más a la europea,  pero creando un estilo propiamente otomano europeizado. Así en 1829 introduce el uso del“fez”, también conocido como “tarbush”, en sustitución del “turban” (turbante), y como elemento diferencial al sombrero europeo (1). Nace la época de los señores con grandes bigotes, indefectiblemente sin barba, con bastón y tarbush, que podemos apreciar en fotos antiguas del siglo XIX pero que también siguen marcando, con bigotes menos ostentosos, un estilo de estética masculina que perdura entre los turcos hasta hoy, en contraste con sus vecinos, que han adoptado en gran parte, expansión del islamismo salafí y wahabita mediante, barbas imitando lo que creen era el estilo de “los compañeros del profeta”.

La vida en la época del Sultan Califa Abd el Majid I:

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A Mahmud II, le sucede en el trono el sultán Abd el Mayid I,  quien en 1839 promulga una primera disposición imperial con las primeras reformas de calado, llamadas Gülhane”. Asumen la forma de leyes que se presentaban como conformes con la sharía basadas en “la inviolabilidad de la vida, de la propiedad y del honor, y aplicables a todos los musulmanes y a todos los miembros del resto de las comunidades religiosas (millet)”. Se considera a este documento, aunque no se tratase de una Constitución, como el más antiguo documento constitucional elaborado por un país musulmán. Proponía entre otras cosas, limitar el poder arbitrario del sultán y su posibilidad de legislar en los ámbitos no concernidos por la sharía, es decir el nuevo derecho secular llamado “qanun” (del griego canon = ley) (2), palabra que seguimos utilizando en el árabe para referirnos a las leyes. En estas primeras  reformas las libertades individuales que se otorgan son mínimas y los judíos y cristianos no son reconocidos como iguales a los musulmanes, aunque sí en las siguientes.

En 1856 aparecen las segundas reformas, bajo presión de las potencias europeas y como resultado de la guerra de Crimea. Estas segundas reformas se conocen como “Islahat Fermani” y por primera vez en la historia de un Estado musulmán, al menos en papel, se garantizaba a todos los súbditos del Imperio una libertad total en la práctica de su reli-gión, se prohibía cualquier discriminación de índole religiosa, lingüística y étnica, y prometía el igual acceso  a los cargos públicos , la igualdad ante la justicia  y la reforma de los códigos penal y mercantil.

De ahora en más, todo súbdito del Estado, musulmán, cristiano o judío, se convertía en osmanlí (otomano)(4). Esto en sí es una profunda revolución, aunque legal, ya que hasta entonces la categoría de osmanlí u otomano, estaba reservada a una clase social aristocrá-tica que debía reunir ciertos requisitos: 1) profesar lealtad al sultán y a su Estado; 2) aceptar y practicar la religión musulmana y todo el sistema de pensamiento y acción  que eran parte integrante de ella,  3) conocer y practicar  el complicado sistema de costumbres, comportamiento y lenguaje llamado “edeb” y conocido en Europa como  “la manera otomana”. De lo contrario, se formaba parte de los “protegidos” o “rayas” (rebaño).

Siguiendo la voluntad del anterior Sultan, Mahmud II, la separación de la religión y el Estado estuvo muy clara en todos los nuevos códigos de leyes adoptados luego de 1856.

Se crea un Código Mercantil, a imitación del francés, y por primera vez, en el Código Penal adoptado en 1858 (tomando como modelo el código penal francés)  se aceptaba como válido el testimonio de un no musulmán contra un musulmán, lo que generó resistencias para quienes veían estas medidas de igualdad como “un agravio a la sharía”.

Se quitó del ámbito del derecho musulmán y de la jurisdicción del Sheij al islam, un código civil nuevo, llamado Meyelle, que se aplicó en nuevos tribunales seculares, bajo el control del Ministerio de Justicia.

Simultáneamente cobraban peso las escuelas del Estado, los liceos e institutos, abiertos a todos los súbditos y en los que se educaba en francés, perdiendo las madrasas musulma-nas el monopolio del que antes gozaban.

Según cita Zarcone, “La cuestión de la apostasía, por ejemplo, provocó apasionados debates.  Si bien, según el derecho musulmán, la conversión de un musulmán a otra religión estaba siempre castigada con la muerte, bajo la presión de los diplomáticos europeos, fue conmutada por el exilio. Por último, la igualdad entre musulmanes y no musulmanes era considerada por los ulemas una herejía. La disposición de 1856 fue para ellos “un día de llanto y duelo.(5)

El odio contra los dos últimos sultanes y contra las medidas de reforma fue subiendo considerablemente en los sectores religiosos y tradicionalistas y en 1859 ulemas y jeques sufíes de la orden Nakshbendiya, la más poderosa, conservadora y ortodoxa del islam sunni, confabularon en secreto con los militares y algunos intelectuales, para derrocar al sultán y poner fin a las reformas del tanzimat. Provocaron un levantamiento denominado Kuleli, que fue sangrientamente reprimido. También provocaron otra insurrección en el mismo periodo, cuando los ulemas, siguiendo al Mufti de La Meca, llegaron a declarar “daar-ul harb” (territorio de combate)  a la propia ciudad de Estambul, lo que  equivalía  a considerar a la capital del Imperio como “bajo el control de infieles y sometida a la yihad” (6).

Alejandra Álvarez Suárez respecto a la promulgación del Islahat Fermani en 1856, sostiene, intentando explicar el rechazo, tanto el que cabría esperar entre los musulmanes  como el más inesperado de los cristianos, citando a Bruce Masters “Chistians and Jews in  the Ottoman Arabic World” (2001. Pag 132):

“El problema era que, tanto musulmanes como no musulmanes, aún no estaban suficientemente  preparados para este cambio. Especialmente los primeros, que vieron impotentes como su universo tradicional, que había estado regido por unas reglas que creían inmutables en las cuales el islam  contaba con la supremacía religiosa, social y moral, se desmoronaba en beneficio de los infieles  y   en perjuicio de los propios privilegios. Los no musulmanes ahora prosperaban, tenían más y mejo- res oportunidades en la educación y la justicia; además mostraban públicamente sus ritos mientras presumían de sus privilegiadas relaciones con los europeos.” (7)

Por cierto, una explicación que no explica nada, más allá de reproducir los prejuicios de una población mayoritaria privilegiada por las leyes y el estado, pero además  generali- zándolos. Veamos la perspectiva de las “poblaciones cristianas ahora beneficiadas… por la  educación”. Las leyes no cambiaron mucho para las poblaciones cristianas en esta materia.

Es una verdad a medias. Al abrirse los nuevos colegios estatales a la totalidad de la pobla-ción, (beneficio que antes sólo tenían las aristocracias musulmanas), y dado que los pocos colegios públicos eran técnicos y se encontraban en las grandes ciudades, sólo podían beneficiarse de ellos en todo caso, las familias armenias, griegas, y eslavas de Estambul y   otras pocas levantinas, al igual que otros grupos hasta entonces excluidos.

La inmensa mayoría de cristianos, que eran aldeanos pobres y vivían en Mesopotamia, Levante y Anatolia Oriental, siguieron sin notar mejora alguna respecto al acceso a la edu-cación, a excepción de los que accedían a colegios que abrían las misiones católicas y pro-testantes por entonces. De hecho esta apertura de colegios es una de las causas principalespara que los ortodoxos de diferentes iglesias, en general más pobres, se convirtiesen al catolicismo dando lugar a las llamadas “Iglesias Uniatas”, es decir sismáticas unidas a Roma,  para poder enviar a sus hijos a dichos colegios.

La otra causa fue la “protección” que comenzó a dar Francia a los súbditos católicos del Imperio, como si fueran connacionales franceses. Pero de hecho esto no impidió ni el hambre, ni las matanzas ni los trabajos forzosos, los desplazamientos o las expropiacio-nes que continuaron, especialmente porque habia regiones que nominalmente estaban bajo jurisdicción del Estado, pero cuyo control era delegado a tribus, gobernadores y milicias, que tenían sus propios intereses. Ya sabemos que en las décadas siguientes, en la primera decada del siglo XX, se producirían hechos sistemáticos de limpieza étnica contra poblaciones cristianas.

Los cristianos prosperaron más”…pero hay que ver a qué cristianos, y no generalizar.  Los armenios y griegos que habitaban las grandes ciudades eran la clase intelectual del Impe-rio, sus médicos, sus hombres de letras, grandes funcionarios, maestros, joyeros, comer-ciantes… No varió mucho su situación con estas leyes. Los levantinos de Monte Líbano,  maronitas, pero también otros grupos, prosperaron porque desarrollaron al industria de  la seda en esa región y comenzaron a  exportar a Francia, vía Marsella, dado que esta  comunidad había establecido desde el siglo XVII fuertes lazos con Francia. No obstante  toda la población de esta región, pocas décadas más tarde se vieron sometidos a políticas  de hambre impuestas por el poder otomano, además de las matanzas cometidas entonces por drusos, con quienes compartían el país.

Nos queda la gran mayoría de poblaciones ortodoxas, sean griegas, pónticas o de las Igle-sias siriaco/asirias, que vivieron en las zonas más periféricas y desfavorecidas y su situa-ción económica no sólo no mejoró, sino que se agravó porque al aumento de impuestos y tributos, aumento de la hostilidad de las poblaciones musulmanas, malas cosechas y hambre, que generaba incursiones de tribus kurdas a sus poblados desde 1833.

Los cristianos en general, a partir de 1856 debían entregar a sus hombres jóvenes para hacer el servicio militar obligatorio, del que antes estaban excentos.  Y esta causa es la principal causa que dan los hoy día sirios, libaneses, palestinos y mesopotamicos, que   emigraron a América Latina y del norte como pioneros, antes que los colectivos musulma-nes y desde 1860 (coincidiendo con la nueva ley), porque sostenían que eran enviados a las primeras líneas de combate en los distintos frentes abiertos, con lo cual sabían que no regresarían vivos.

Entre las poblaciones campesinas más pobres, significó que muchas mujeres con ancianos y niños abandonaran las tierras porque no podían trabajarlas y emigraran a las periferias de algunas ciudades importantes, especialmente en Levante y luego de allí, una parte emigrara también a America.

Pero todavía no habían llegado los tiempos tan duros del hambre y la Primera Guerra Mundial, ni de las políticas de hambruna implementads en levante contra las poblaciones cristianas, o de abierta  limpieza étnica en Anatolia y mesopotamia.

Esos episodios llegarían con el ascenso del régimen de los Jóvenes Turcos, y de los sultanes marionetas Abdel Hamid II y Mehmet VI.

CITAS Y REFERENCIAS:

  1. Ver VON GRUNEBAUN, G.E. “El Islam II desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días”. El Imperio otomano y la Turquía Moderna. Restablecimiento y reforma.   Págs. 96  a  102. Siglo XXI Editores Madrid, 1996. Primera edición en alemán en 1971.
  2. VON GRUNEBAUN, G.E. Obra citada. Pág. 107.
  3. Ver al respecto el trabajo de THIERRY ZARCONE, “El Islam en la Turquía actual”.  Biblioteca del Islam Contemporáneo Nº 28. Barcelona, España, 2005.
  4. Ver ZARCONI, Thierry.Ob. Cit. Capítulo 3 “Las luces” otomanas: un liberalismo  musulmán en los siglos XIX y XX.
  5. ZARCONI, Thierry.  Ob cit. Cap. 3 pag. 79
  6. Ver ZARCONI, Thierry, Ob y cap. citados.
  7. ALVAREZ SUAREZ, Alejandra “Comunidades No Musulmanas en un entorno Musulmán. La pervivencia del modelo otomano en la actual Siria. Capítulo 3, página 109 y 110
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